Los arquitectos y diseñadores deben tomar en cuenta que la solución a los
problemas del diseño de los espacios arquitectónicos, los materiales que seleccionan y las
tecnologías constructivas que recomiendan, tienen un impacto ambiental. Las
consideraciones ambientales, mal llamadas “ecológicas”, forman parte, cada vez más,
de las bases para la toma de decisiones en el diseño arquitectónico y la construcción.
Más aún, el público en general, reclama que los diversos especialistas actúen con
responsabilidad ambiental en la solución de los problemas relacionados con los espacios
arquitectónicos y urbanos.
Se requiere un conocimiento de ciertos principios de las ciencias básicas como la
física, la química y la biología, para entender el daño que se puede ocasionar al entorno
físico al seleccionar tecnologías y materiales inapropiados en la construcción de edificios.
Por ejemplo, una de las consecuencias de la segunda ley de la termodinámica es que, en
cada proceso de transformación de la materia o de la energía, no toda la energía
utilizada se aprovecha, y aunque la energía no útil no se destruye, como sabemos por la
primera ley de la termodinámica, ésta se convierte generalmente en energía cinética de
la moléculas - es decir- calor, y entre otros daños, contribuye al calentamiento global del
planeta y al deterioro climático de un lugar. Una de las implicaciones de lo anterior es la
siguiente: Los arquitectos y constructores no deben especificar ni materiales ni tecnologías
que requieran de muchas transformaciones.2
El impacto ambiental y la arquitectura arq. reine mehl
También debe entenderse que la arquitectura de los edificios y la mal llamada
arquitectura del paisaje son extensiones del cuerpo del usuario que fundamentalmente
constituyen estrategias ecológicas de sobrevivencia frente a condiciones ambientales
adversas y para alojar actividades que tienen como propósito el bienestar y la salud
es decir, la vida en contraposición al malestar, la molestia, la enfermedad y,
finalmente la muerte.
No menos importante es comprender el funcionamiento de la biósfera y,
particularmente, de los ecosistemas que la componen, de la que también forma parte el
ser humano. Existen ciclos físicos, químicos y biológicos en el planeta que interactúan y de
los que dependen los organismos vivos. Se dan redes alimenticias y cadenas tróficas que
permiten la biodiversidad y finalmente nuestra existencia y sobrevivencia. Se han
establecido procesos muy importantes para que el ser humano obtenga mayores recursos
y mejores condiciones para sobrevivir - como son el desarrollo de la agricultura y la
ganadería, en vez de la recolección de granos y frutos y la caza; como también lo son el
uso del fuego y otras formas de energía, la vestimenta y la arquitectura en vez del empleo
de árboles y cuevas; y finalmente la utilización de un sinnúmero de tecnologías para
ahorrar esfuerzo humano. Cada uno de estos adelantos ha ocasionado grandes
transformaciones y, en casi todos los casos, graves daños al entorno físico biótico y
abiótico, debido a principios fundamentales de las ciencias básicas.
La idea de que los diseñadores deben tomar en cuenta el impacto ambiental
resultado de su trabajo no es cosa nueva. Hace casi veinte años Victor Papanek exponía
el argumento de que el diseñador podía contribuir a mejorar el mundo en que vivimos o,
por el contrario, podía seguir destruyendo los recursos y vida sobre el planeta. Conceptos
como ahorro de energía, reciclaje de recursos y otros criterios ambientales, en que juega
un papel importante el concepto de desarrollo sustentable, deben incorporarse dentro
de los procesos del diseño arquitectónico y la construcción de los edificios.
Aparte de considerar los daños que causa la obra arquitectónico al medio
ambiente, hoy en día se conocen mucho mejor los requerimientos biológicos del ser
humano con respecto a su entorno físico artificial, lo que permite proporcionarle al usuario
mejores espacios para llevar a cabo sus actividades, y también se han estudiado los
efectos que producen los materiales y las instalaciones en los edificios sobre la salud y
bienestar de los usuarios y se ha identificado lo que se conoce como el “síndrome del
edificio enfermo” que más bien es aquel cuyos espacios y elementos provocan malestar y
enfermedad a las personas que los usan o habitan.
También las actividades que realizan los usuarios en los espacios arquitectónicos y
la manera y horarios de llevarlas a cabo han cambiado, lo que requiere de una
arquitectura radicalmente diferente a la que existía de un siglo para atrás. Los edificios de
despachos, las escuelas para una educación masiva, los centros de salud, los laboratorios
de todo tipo, y casi cualquier otro tipo de edificio contemporáneo, son relativamente
recientes. Hace más de un siglo casi no existían en ninguna parte. La energía eléctrica
empleada dentro de los edificios, al igual que otras instalaciones, no existían de manera
parecida a lo que conocemos hoy en día en los edificios, hace más de siglo y medio. Los
avances en la electrónica, la cibernética, la automatización y la robótica, han
transformado o van a transformar totalmente los espacios arquitectónicos, con la
posibilidad de que hasta dejen de existir como parte de edificios dentro de las grandes
ciudades.
El énfasis en la productividad, aunque sea de productos innecesarios, también
como parte del producto arquitectónico, tiende a aumentar la entro pía en el entorno
físico y la consecuente mayor producción de calor, calentamiento global y deterioro del
medio ambiente. Debemos tener mucho cuidado en el uso desmedido de nuevas
tecnologías que están de moda y que sólo contribuyen al bienestar económico de
fabricantes y vendedores.
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